Tras 12 años sin el poder presidencial, el Partido Revolucionario
Institucional se ha preparado a fondo para convencer a la
ciudadanía que es la mejor opción para México
y, con ello, ganar los próximos comicios federales, regresar
a Los Pinos y establecer políticas públicas que den cabal
respuesta a los grandes problemas nacionales que se han acumulado con el PAN.
Durante ese tiempo, el PRI asimiló errores propios, reorganizó sus cuadros básicos, revisó sus orígenes, postulados y principios fundamentales, consolidó la unidad interna por encima de cualquier interés y eligió a los candidatos más populares y mejor preparados para disputar en las urnas alcaldías, gubernaturas y legislaturas locales y federales.
Desde la oposición, el tricolor aprovechó al máximo las pifias del partido en el poder en rubros sustantivos que impactan de lleno a la población: seguridad pública, economía, educación, trabajo, desarrollo integral y bienestar social.
Cuando muchos analistas declaraban en 2000 la extinción del Revolucionario Institucional, este partido político se puso a trabajar de inmediato para recuperar el terreno perdido.
Una de las claves de la revitalización del PRI es la combinación de cuadros de amplia experiencia con el arribo de una generación de militantes con arraigo en sus estados y con una vocación de servicio público a toda prueba.
Un claro ejemplo es el ex gobernador Enrique Peña Nieto, quien desde el Estado de México imprimió a su mandato una mística de trabajo basada en la unidad partidista, la disciplina de trabajo, el escrutinio público y el cumplimiento comprobado de las promesas de campaña. Ahora, en su calidad de abanderado del tricolor para buscar la Presidencia de la República, Enrique Peña Nieto encarna la fortaleza de una fuerza política que no busca el poder por el poder, sino hacer del poder público una palanca para la recuperación de la economía nacional, el combate a los problemas que agobian a millones de mexicanos y la oportunidad para reubicar a México como una nación capaz de aprovechar al máximo sus recursos materiales y humanos dejar atrás los rezagos.
Además, desde la Cámara de Diputados y el Senado de la República, el Partido Revolucionario Institucional se ha constituido en una oposición parlamentaria madura, propositiva, generadora de iniciativas de ley y abierta para aprobar reformas que beneficien a un mayor número de mexicanos.
Si durante más de 70 años el PRI se convirtió en un factor fundamental para impulsar la transformación y modernización del país, su inminente regreso a la Presidencia de México significará la oportunidad de que una nueva generación de políticos, unidos, probados en el ejercicio público, recupere el crecimiento económico, aminore la desigualdad social y reduzca, en forma drástica, los índices de inseguridad que privan en varios estados del país.
Con todo lo anterior, el PRI avanza con paso firme, y por la vía democrática, a gobernar durante el siguiente sexenio, sin olvidar las lecciones de las derrotas electorales. |